Historia de nuestra Biblioteca.

La Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga hunde sus raíces en las ideas de la Ilustración y en el impulso reformista de finales del siglo XVIII. Fundada en 1789, la convicción compartida por los Amigos del País en fomentar el conocimiento y la educación popular se plasmó en sus primeros Estatutos, en los cuales se contemplaba la creación de una librería:

 

“Para el uso de la Sociedad y mayor instrucción de sus individuos en las materias de que deben tratar, se irán recogiendo a proporción de sus facultades, las mejores obras de economía y política; y de todas las que se adquieren, se formará inventario de la Sociedad, a cuyo cargo deberá estar por ahora su custodia y cuidado. Cuando no hubiese asunto particular que tratar en las juntas de la Sociedad, deberá ocuparse el tiempo, en la lectura de estas obras” (Real Cédula de S.M. y Señores del Consejo en que se aprueban los estatutos de la SEAP, dada en Madrid, 15 de septiembre de 1790).

 

Esta semilla fue el origen. La vida de la Económica, marcada por la inestabilidad institucional propia de los tiempos convulsos del liberalismo y el constitucionalismo español, fue forjando poco a poco la convicción de que su patrimonio bibliográfico no podía ser un depósito de libros: debía convertirse en una herramienta de transformación social por medio de la educación. Esa idea cristalizó en 1821, cuando se formuló la propuesta de establecer una biblioteca pública de Ciencias, Artes y Oficios, dotada mediante la adquisición sistemática de nuevas obras. La propuesta, impulsada por su director José María de Llanos y avalada por la Sociedad, abría la puerta a un proyecto colectivo de democratización del conocimiento:

 

“Señalar un local y dar principio a la formación de una pública biblioteca de Ciencias, Artes y Oficios, y hallar fondos para adquirir en cada año una cierta cantidad de libros de estas materias en Francia, Italia y España” (Propuesta realizada el 16 de marzo de 1821).

 

Con paciencia y constancia, la librería fue creciendo en volúmenes, temáticas y formatos. A mediados del siglo XIX, gracias al empuje de Jorge Loring Oyarzábal y el médico Vicente Martínez Montes, la librería adquirió una estructura organizada y un espacio fijo. Fue bajo su dirección y como bibliotecario cuando la biblioteca dio un salto decisivo: lograron que fuera reconocida y declarada como Biblioteca Pública, la primera de la provincia, sita en la Casa del Consulado. Desde entonces, gracias a suscripciones, compras institucionales y la generosidad de donantes, la colección se fue enriqueciendo: obras de historia, economía, letras, ciencia, artes, tratados agrícolas, estudios técnicos y volúmenes humanísticos. Este reconocimiento sirvió para validar una colección en expansión, sentando las bases institucionales que la convertían en un espacio de conocimiento accesible y estructurado.

 

Desde principios del siglo XX, la Biblioteca acentuó su vocación social y educativa, llegando su fondo a ser un fiel reflejo del camino emprendido, tal y como lo reconoció su secretario, el político republicano José Carvajal Hue:

 

“Nuestra Biblioteca no es de lujo; no trata de que figuren en ellas obras raras; no es de pura consulta para el erudito, o el filólogo; se consagra a la instrucción de la clase media y de la necesitada; así que doblando el número que ahora contiene, pudiera desde luego principiar a producir el fruto apetecido” (Boletín de la SEAP, 1861).

 

Su crecimiento progresivo fue posible gracias a suscripciones y, sobre todo, al compromiso filantrópicos de destacados donantes, entre los que podemos destacar al político Antonio Cánovas del Castillo, el cronista y escritor Narciso Díaz de Escovar o la directora de la Escuela Normal y poeta feminista Suceso Luengo de la Figuera. Una herencia compartida que comenzaba así a formar parte del patrimonio cultural de la ciudad de Málaga.

 

El primer tercio del siglo XX se configuró como una etapa de profunda transformación en clave moderna, proceso que quedó reflejado en la orientación institucional de la Sociedad Económica. Su primer presidente en este periodo, el político republicano Pedro Gómez Gómez, reordenó la misión de la entidad en torno a la difusión de la cultura general, concibiendo la Biblioteca no sólo como un espacio de conversación, sino como un verdadero laboratorio de experimentación de las nuevas sensibilidades culturales. Su sucesor, el político republicano Pedro Gómez Chaix, profundizó en esta línea al impulsor actividades vinculadas a la pedagogía, la cultura popular, la enseñanza y las humanidades. Esta apuesta se tradujo de forma tangible en el fondo bibliográfico, nutrido de lecturas asociadas a la renovación pedagógica y a referentes intelectuales al Museo Pedagógico Nacional y a la Institución Libre de Enseñanza, indicadores claros de la incorporación de la modernidad en el ámbito cultural y educativo.

 

En 1920 se sucedió el mayor proyecto moderno, de la mano del archivero-bibliotecario Luis Cambronero Antigüedad. Su labor culminó con la publicación, en 1927, del primer Catálogo Metódico de la Biblioteca. Este avance permitió dar vida al establecimiento de la primera biblioteca circulante (esto es, con capacidad de préstamo) de la provincia de Málaga en 1929, llevando los libros a un público lector más allá de sus paredes. Los libros conquistaron la calle, incentivando la lectura individual y la forja de una conciencia crítica, ingredientes esenciales para entender su labor como una auténtica escuela de ciudadanía. Durante las décadas veinte y treinta, la Biblioteca, junto a su salón de actos y sus salas de exposición, se consolidó como un lugar donde intelectuales, maestros, ingenieros, jóvenes y obreros confluyeron, compartiendo ideas, debates y formación. La incorporación de mujeres como socias, aunque ya se anticipaba en 1924, fue reglamentada en 1927, dotando a la biblioteca de una nueva dimensión social y cultural, nuevas miradas y una apertura real —aunque tardía—.

 

La Guerra Civil y la dictadura franquista interrumpieron ese ritmo vibrante, sumiendo a la Biblioteca en décadas de silencio, marcadas por la censura y la limitación de recursos y de actividad cultural. Sin embargo, desde finales del siglo XX, con la llegada de la democracia y gracias al esfuerzo de muchas manos, recuperó con fuerza su vocación fundacional. La restauración de sus espacios, la conservación de su patrimonio bibliográfico y la incorporación de nuevas tecnologías han permitido abrir una nueva etapa. Hoy, trabajamos para afirmar a la Biblioteca como espacio cultural contemporáneo, conectado con el entorno virtual y plenamente comprometida con su misión original: servir como escuela de ciudadanía y democracia.