Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga
Fundada por Real Decreto de Carlos IV en 1789 para desarrollar la Ilustración en la ciudad y su provincia e impulsar el fomento de la riqueza de la tierra, el bienestar y la cultura de los malagueños; la Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga es la institución más antigua de la ciudad después del Ayuntamiento.
La Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga nace con los mismos propósitos que sus iguales, pero la especial idiosincrasia de los primeros prohombres que la forman fue, quizás, la que dio a la institución un carácter diferente. Por ello, una de sus primeras preocupaciones fue la de crear una biblioteca pública, cuando aún ni siquiera existía la Gran Biblioteca de París, logro que se alcanzó ya en el s. XIX, convirtiéndose así en la primera Biblioteca Pública malagueña y llegando a tener a lo largo de su historia una destacada importancia, ya que contiene fondos bibliográficos desde el s. XVI hasta la primera mitad del s. XX.
‘La Económica’ tiene su sede en el antiguo Colegio de los Jesuitas, que tras su expulsión se reformó y adaptó en torno al patio y galería volada, con varias dependencias y “sala de audiencias”. Además de servir de tribuna para ver espectáculos, procesiones religiosas y cívicas, corridas de toros o proclamas; el edificio también acogió a algunas de las más importantes instituciones malagueñas de la Ilustración, como fueron el Montepío de Cosecheros del obispado de Málaga o el Consulado Marítimo y Terrestre, institución por la que el edificio -declarado Bien de Interés Cultural en 1923- terminó denominándose ‘Casa del Consulado’.
Amigos del País JOSÉ MARÍA RUIZ POVEDANO | FIRMA INVITADA · MERCURIO 185 - NOVIEMBRE 2016
Estas sociedades se preocuparon de compatibilizar el conocimiento teórico y la experiencia práctica con valores de libertad, tolerancia y respeto por las personas y sus ideas.
Carlos III acometió en España un amplio programa de reformas de base ilustrada, entre ellas la creación de más de sesenta Reales Sociedades Económicas de Amigos del País, “uno de los sucesos más notables del reynado” (J. Sempere y Guarinos, 1789). Las creó como instrumento necesario para difundir las ideas de la Ilustración. Estaban inspiradas en la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (1765), promovida por el conde de Peñaflorida a partir de la tertulia de ilustrados vascos de Azcoitia. Diez años después se constituyó la Real Sociedad Económica de Madrid, la Matritense, modelo organizativo del resto de Sociedades Económicas creadas en la Monarquía. La historiografía coincide en atribuir su matriz y sus líneas maestras al Discurso sobre el fomento de la industria popular (1774) y al Discurso sobre la educación popular y su fomento (1775) de Pedro Rodríguez Campomanes.
Carlos III, junto con su hijo Carlos IV, constituyó cerca de un centenar de Sociedades Económicas de Amigos del País hasta 1808, treinta y dos de ellas en Andalucía. Se produjo una rápida y amplia extensión por España y los territorios americanos del Reino (Santiago de Cuba, Lima, La Habana, Quito…). Surgieron en ámbitos jurisdiccionales (Aragón, reino de Mallorca, Asturias) y también en algunas ciudades y pueblos (Granada, Vera, Sevilla, Córdoba, Valladolid, León, Cádiz, Málaga…). En todas ellas, una minoría social aglutinó a sus más activos elementos para trabajar por el progreso de las ideas ilustradas, con cierto carácter elitista, tal como lo entendía Campomanes, al dirigirlo “a la nobleza, al clero y a las gentes acomodadas”. La estructura social de las ciudades sede determinó la composición de cada Sociedad, donde los grupos de presión más relevantes asumieron un especial protagonismo (nobles, autoridades locales, eclesiásticos, militares, letrados, hacendados y la incipiente burguesía de comerciantes y hombres de negocios). Málaga puede ilustrar sobre esa “diversidad” social de Amigos del País: el primer director fue el obispo Ferrer y Figueredo y el vicedirector el conde de Villalcázar de Sirga; sin embargo, la mayoría de los socios pertenecían a la milicia estante en la ciudad, al personal de la administración central y al sector de los comerciantes naturales y extranjeros.
La Ilustración condujo a las Sociedades Económicas al conocimiento de las ciencias humanas y de la naturaleza (“las ciencias útiles”), de la agricultura y del comercio. Su propósito era estudiar las causas del estancamiento económico y proponer remedios. A nivel local o provincial, fomentar la población, aprovechar los recursos endógenos y desarrollar las actividades económicas. Los Amigos del País apoyaron las reformas emprendidas por la Monarquía para modernizar España, difundieron la literatura económica europea, y defendieron las ideas del fisiocratismo y las medidas liberalizadoras que favorecerían el crecimiento.
La principal preocupación que les guio fue la extensión y mejora de la educación, la beneficencia y la cultura para liberar a los hombres de la ignorancia, supersticiones, dogmas y prejuicios y, a la vez, mejorar sus derechos y condiciones de vida material y moral. Todos estos proyectos formaron parte de la primera modernización conservadora de España que para Antonio Elorza implicó poner “la maquinaria del poder al servicio de una racionalización interna de la sociedad estamental, siempre dentro de un estricto respeto hacia la esfera de privilegios económicos e institucionales de nobleza y clero”. A pesar de sus logros en los dos últimos siglos de la Historia de España, la existencia de estas Sociedades siempre estuvo supeditada a periodos de desaparición —ante la falta de libertades— y de resurgimiento en democracia. Hoy apenas perviven en España una veintena de ellas.
José María Ruiz Povedano es Catedrático de Historia y Presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga.