A lo largo de nuestra vida experimentamos multitud de sentimientos, a veces varios a la vez: alegres, tristes, confusos... Casi siempre se dan de manera individual, pero estos días se ha producido una atmósfera triste, sobre todo al contemplar las calles normalmente abarrotadas, llenas de vida, tráfico, ruido, sumergidas en casi un completo silencio, un sentimiento sobrecogedor al contemplar lugares vacíos.

No es un sentimiento nuevo. El miedo a la soledad, la tristeza, la melancolía, el vacío…, ha sido representado a lo largo de la historia del arte. Un ejemplo reciente lo tenemos en Edward Hopper, máximo exponente del realismo americano, que retrata la soledad de una sociedad frenética con instantes que parecen congelados e inertes; o los paisajes casi apocalípticos de Friedich, instantáneas de construcciones en ruinas, abandonadas al paso del tiempo, o  el Perro hundido de Goya, o los bufones de Velázquez…, un sin fin de obras que nos remiten a un mismo sentimiento.