Exposiciones

Contacta

Actividades

La Económica

 

     La Sociedad Económica de Amigos del País fue fruto de una minoría de la clase privilegiada y dirigente de Málaga, que promovió su fundación desde una doble iniciativa de diferentes grupos partidarios de la Ilustración. De un lado, algunos nobles, militares y comerciantes de la ciudad y, de otro, destacados miembros de la ilustrada clerecía malagueña, quienes solicitaron en sus “representaciones” ante Carlos IV, el 19 y 26 de noviembre de 1788, el establecimiento de una sociedad patriótica en Málaga. La Monarquía fue favorable a las pretensiones de ambos.

 

       El rey, por conducto de Floridablanca, lo remitió al Consejo de Castilla para su provisión y, por decreto de 7 de enero de 1789, autoriza la creación de la Sociedad Económica de Amigos del País y  “aprueba su celo y el de los demás vecinos eclesiásticos y seculares de esta ciudad”. El Secretario de Estado notificó esta resolución a los promotores y a todas las autoridades (Gobernador Político y Militar, Ayuntamiento, Obispo y Cabildo catedralicio), como se ve por las Reales Órdenes expuestas en la vitrina (Madrid, 30 de enero de 1789).

 

      Esta comunicación contenía además el procedimiento a seguir por los promotores, “como buenos patricios, a que tenga efecto el establecimiento de la Sociedad Económica de Amigos del País que se propone”. El 29 de agosto de 1789, se constituyó en la Sala de juntas de las Casas Consistoriales y se eligió al Director y oficiales (vicedirector, secretario, tesorero, censor, consiliarios). Por último, se elaboraron sus Estatutos, adaptados al modelo de la Económica de Madrid para que “sean compatibles con las circunstancias de ese país”, y aprobados por Real Cédula de Carlos IV, el 15 de septiembre de 1790.

 

      Estos primeros “amigos del país” malagueños pertenecían a las privilegiadas élites económicas y políticas de la ciudad, funcionando como un verdadero lobby de los grupos de poder y grupos de interés ante la Monarquía. Si se observa el listado nominal de socios, predominaban los dirigentes eclesiásticos (obispo, canónigos, párrocos) y autoridades civiles (nobles, militares, regidores) y, en menor número, destacados mercaderes, cónsules y hombres de negocios. Resulta significativo que el primer Director de la Económica fuese el ilustrado obispo de Málaga, D. Manuel Ferrer y Figueredo, y el vicedirector, el Conde de Villalcázar de Sirga. Formaron parte de ella el Gobernador, D. Pablo Arroyo, el prior del Consulado, D. Manuel Centurión, el responsable de la Real Junta de Obras (incluidas las de San Telmo), D. Ramón Vicente y Monzón, el director de la Escuela Náutica, D. José Ortega y Monroy, entre otros.

 

       En Málaga, como en algunas ciudades del Reino, funcionó la alianza de los sectores sociales privilegiados que, en opinión de Gonzalo Anes, perseguía “conciliar la organización estamental, con los intereses de una burguesía que parecía surgir” (1975, 400). La Económica malagueña respondía a este modelo y, pese al retraso temporal de su constitución, fuera del periodo de esplendor de estas sociedades (1765-1786), participó de la ideología ilustrada y defendió sus principales líneas de acción en cuestiones agrarias, obras públicas y mejoras urbanas, difusión de las ciencias útiles, educación popular, etc. Principios fundacionales que inspiraron posteriormente su bicentenaria historia.

 

 

Plaza de la Constitución 7,  29008 Málaga